En este contexto se diseña e implementa el área UPAMI (Urgencias del Paciente Mayor Institucionalizado), un modelo asistencial innovador que integra valoración geriátrica, entorno físico adaptado, protocolos de prevención de síndromes geriátricos y una coordinación sociosanitaria estructurada entre Urgencias, Geriatría, residencias, Atención Primaria y Hospitalización a Domicilio (HADO).
UPAMI se articula en torno a tres pilares:
Humanización del entorno: creación de la Sala 5, un espacio luminoso, tranquilo y accesible, con luz natural, señalización clara, mobiliario adaptado, privacidad y acompañamiento familiar estructurado.
Humanización del proceso asistencial: circuito propio desde admisión hasta el alta, con valoración integral (funcional, cognitiva, emocional y social), prevención activa de delirium, movilización precoz, acceso continuo a hidratación y alimentación, minimización de sondas y sujeciones, control del dolor y comunicación continua con familias y residencias.
Humanización de la coordinación: comunicación bidireccional con residencias, coordinación activa con distintos servicios: Geriatría de Enlace (GE), servicio de Farmacia, alternativas al ingreso hospitalario como Hospitalización a Domicilio y continuidad asistencial garantizada.
Durante su primer año de funcionamiento, UPAMI atendió 4007 episodios, con un 45,6% de altas a residencia y una estancia media de 23 horas. Las readmisiones a 72 horas fueron del 1,7%, reduciéndose un 50% tras la consolidación del modelo. La satisfacción de pacientes y familias fue extraordinariamente alta: 65% muy satisfechos, 32% satisfechos, con valoraciones superiores al 75% en amabilidad, profesionalidad, cuidados y limpieza.
La mayoría de los pacientes presenta fragilidad elevada, con un 76,2 % en ISAR 4–5, lo que implica alto riesgo de complicaciones y necesidad de intervenciones rápidas y coordinadas. En el plano funcional, el 70,9 % muestra dependencia grave o total, reflejando una gran vulnerabilidad. Además, más de dos tercios presentan deterioro cognitivo moderado o grave, lo que configura un perfil clínico complejo que exige un abordaje especializado y multidimensional.
UPAMI demuestra que la humanización no es un añadido, sino un eje estructural capaz de transformar la experiencia del paciente mayor institucionalizado, mejorar resultados clínicos, reducir eventos adversos y fortalecer la colaboración sociosanitaria. Su diseño, resultados y transferibilidad lo convierten en un modelo replicable para otros hospitales.
La evidencia muestra que este perfil presenta mayor riesgo de delirium, inmovilidad, desnutrición, infecciones nosocomiales y estancias prolongadas cuando se encuentran en entornos no adaptados. A ello se suma la complejidad de coordinar la información clínica con residencias, familias y otros niveles asistenciales, lo que puede generar incertidumbre y discontinuidad en los cuidados.
UPAMI se justifica como una respuesta estructurada y humanizada a esta realidad: un modelo que adapta el entorno, estandariza procesos, mejora la comunicación y sitúa a la persona mayor institucionalizada en el centro de la atención urgente, reduciendo riesgos y mejorando su experiencia y la de sus familias.
A partir de junio y hasta septiembre de 2024 se llevó a cabo la fase de diseño del modelo, en la que se definió el circuito asistencial específico para este perfil de pacientes. Se seleccionaron las escalas geriátricas más adecuadas, se diseñó el entorno físico adaptado y se elaboraron los protocolos que estructuraron la atención. Fue un periodo clave para transformar el análisis previo en un modelo operativo y coherente.
Entre octubre y finales de noviembre de 2024 se desarrolló la fase de implementación, centrada en la adecuación de la Sala 5 como espacio especializado y en la formación del personal implicado. Esta etapa marcó el paso del diseño a la práctica, asegurando que el equipo contara con los conocimientos y herramientas necesarias para aplicar el nuevo enfoque asistencial.
El 25 de noviembre de 2024, se inauguró la UPAMI y comenzó la fase de consolidación, que se ha extendido hasta el 25 de noviembre de 2025. Durante este año se realizó una evaluación continua del funcionamiento de la unidad, se introdujeron ajustes operativos y se reforzó la integración con GE, Unidades de Atención a Residencias (UAR) y HADO. Esta fase permitió estabilizar el modelo, corregir desviaciones y fortalecer la coordinación con otros recursos asistenciales.
Finalmente, desde diciembre de 2025 hasta la actualidad se desarrolla la fase de evaluación y expansión, en la que se analizan los resultados obtenidos, las posibles mejoras y se trabaja en la propuesta de replicabilidad del modelo en otros entornos. Esta etapa consolida el aprendizaje generado y abre la puerta a su extensión, apoyándose en la evidencia acumulada y en la experiencia práctica del equipo.
La población atendida estuvo compuesta mayoritariamente por pacientes con edad comprendida entre los 85-95 años, con predominio del sexo femenino.
La fragilidad medida mediante ISAR refleja que el 76,2 % de los pacientes llega con un riesgo elevado, situándose en puntuaciones 4–5, un perfil que se asocia a mayor probabilidad de eventos adversos, deterioro funcional acelerado y necesidad de decisiones clínicas rápidas y coordinadas.
En términos funcionales, la escala de Barthel confirma esta complejidad: el 40,2 % presenta dependencia total y un 30,7 % dependencia grave, solo un 29,1 % mantiene independencia o dependencia leve.
La situación cognitiva añade otra capa de vulnerabilidad: el 44,8 % presenta deterioro grave según Pfeiffer y un 26,3 % deterioro moderado, de modo que más de dos tercios de los pacientes tienen afectación cognitiva significativa.
La actividad anual de la unidad está marcada principalmente por la patología aguda infecciosa y los eventos traumáticos, que concentran la mayor parte de los motivos de atención. Las infecciones respiratorias constituyen el grupo más frecuente, con 1.024 casos, lo que supone el 32,4 % del total. Las infecciones urinarias representan 616 casos (19,5 %), consolidándose como otra causa habitual de descompensación en personas mayores frágiles. Los traumatismos craneoencefálicos y las caídas suman 562 casos (17,8 %), un dato que evidencia el impacto de la inestabilidad, la dependencia funcional y el deterioro cognitivo en esta población. A estos motivos se añaden los cuadros de origen cardíaco, con 386 casos (12,2 %), que suelen asociarse a descompensaciones de patologías crónicas previas. El resto de causas, agrupadas como “otros”, alcanzan 573 casos (18,1 %), completando un perfil clínico donde predominan las enfermedades agudas sobre un trasfondo de fragilidad y multimorbilidad que condiciona la evolución y la necesidad de una atención especializada y coordinada.
Los datos de seguimiento muestran un 1,7 % de readmisiones a las 72 horas, un valor que refleja una adecuada estabilidad clínica tras el alta y una correcta coordinación con los recursos sociosanitarios implicados. Asimismo, desde octubre de 2025 se ha observado una reducción del 50 % en las readmisiones, lo que sugiere una mejora sostenida en la continuidad asistencial y en la adecuación de los planes de cuidados.
La estancia media registrada es de 23,27 horas, un tiempo que se mantiene dentro de los estándares de eficiencia para unidades de atención urgente especializada y que permite garantizar una valoración integral sin prolongar de forma innecesaria la permanencia en el área.
La evaluación de la satisfacción, obtenida mediante una encuesta descriptiva no validada y utilizada exclusivamente para fines internos de UPAMI, muestra un nivel elevado de percepción positiva respecto a la atención recibida. Un 65 % de los participantes se declaró muy satisfecho, mientras que un 32 % manifestó estar satisfecho, lo que refleja una aceptación globalmente favorable del modelo asistencial.
En relación con aspectos específicos de la atención, el 75 % de las valoraciones calificó como “muy bueno” el trato recibido en términos de amabilidad, profesionalidad y calidad de los cuidados. Estos resultados sugieren una experiencia asistencial percibida como cercana, competente y humanizada.
Los comentarios cualitativos aportados por pacientes y familiares refuerzan esta tendencia, destacando de manera recurrente el trato humano, la claridad informativa, la tranquilidad del entorno y la profesionalidad del equipo como elementos diferenciales del modelo.
El proyecto incorpora además una transformación del entorno físico, adaptándolo para favorecer la orientación, la seguridad y la humanización, elementos clave para reducir delirium, ansiedad y descompensaciones evitables. La intervención de UPAMI contribuye a disminuir riesgos tanto clínicos como emocionales, gracias a una atención más cercana, continua y centrada en la persona. La estandarización de procesos y la mejora de la coordinación sociosanitaria fortalecen la comunicación entre hospital, residencias y unidades de apoyo, lo que reduce variabilidad y facilita transiciones asistenciales más seguras. Finalmente, el modelo genera evidencia medible y replicable, permitiendo evaluar resultados, identificar áreas de mejora y consolidar un enfoque que puede extenderse a otros centros con poblaciones similares.
Presentación en la I Jornada de Coordinación Sociosanitaria en el ámbito residencial de la Comunidad de Madrid.
Difusión a residencias del área norte, visitas presenciales y contacto telefónico.
Preparación de artículos científicos (ya en curso).
Además, su enfoque centrado en la prevención y en la coordinación asistencial contribuye a mejorar los resultados clínicos y la experiencia del paciente, generando beneficios visibles tanto para los usuarios como para los equipos. Al disminuir complicaciones y evitar ingresos potencialmente prevenibles, también reduce costes y optimiza el uso de recursos, lo que refuerza su sostenibilidad y su valor para cualquier sistema de salud.
