El presente proyecto describe una experiencia de humanización desarrollada en la unidad de hospitalización de Medicina Interna (5T1) del Hospital Universitario Infanta Sofía durante el periodo comprendido entre febrero y septiembre de 2025, a partir del caso de una paciente de 46 años con un proceso clínico muy complejo y una situación de elevada vulnerabilidad social.
La paciente ingresó inicialmente por un cuadro clínico médico asociado a obesidad mórbida e insuficiencia respiratoria. Durante las primeras semanas de hospitalización comenzó a desarrollar múltiples lesiones cutáneas extensas de difícil manejo, cuya etiología no pudo determinarse con claridad y que evolucionaron hacia heridas complejas que requirieron un abordaje progresivamente especializado.
En una fase inicial del proceso se emplearon estrategias avanzadas de tratamiento local de las heridas, incluyendo terapia de presión negativa (VAC) iniciada en abril de 2025. A pesar de estas medidas, la evolución continuaba siendo compleja, lo que llevó a plantear nuevas alternativas terapéuticas.
El punto de inflexión del proceso se produjo tras una reunión multidisciplinar en la que participaron Dirección de Enfermería, Dirección Médica y los servicios implicados, donde se decidió valorar como última alternativa terapéutica el tratamiento mediante oxigenoterapia hiperbárica en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla. Tras la valoración favorable, se inició un programa intensivo que alcanzó finalmente 44 sesiones de cámara hiperbárica entre junio y septiembre de 2025.
La puesta en marcha de este proceso requirió una reorganización significativa de la dinámica asistencial de la unidad. Dirección de Enfermería facilitó el refuerzo de personal necesario para afrontar curas complejas y prolongadas, permitiendo al equipo dedicar tiempo y recursos a un cuidado más personalizado.
El equipo de enfermería y TMSCAE desarrolló diversas estrategias de humanización del cuidado, adaptando circuitos asistenciales y rutinas de la unidad a las necesidades de la paciente. Entre ellas destacaron la preparación individualizada para los traslados al tratamiento con oxigenoterapia hiperbárica, la adaptación de horarios de alimentación y cuidados, la realización de curas complejas dos veces al día y el acompañamiento emocional durante los procedimientos y las primeras fases del tratamiento.
Paralelamente, se promovieron intervenciones orientadas a favorecer la motivación y participación de la paciente en su recuperación, impulsando progresivamente la movilización hasta recuperar la capacidad de sentarse, levantarse y caminar por la unidad.
Los resultados obtenidos fueron tanto clínicos como humanos. Se observó una mejoría superior al 50 % en la evolución de las heridas, con predominio de tejido de granulación y progresiva cicatrización, junto con una notable recuperación funcional. Finalmente, la paciente pudo ser trasladada a un centro de media estancia para continuar su rehabilitación.
En este marco se sitúa la experiencia desarrollada en la unidad de hospitalización de Medicina Interna 5T1 del Hospital Universitario Infanta Sofía a partir del caso de una paciente de 46 años ingresada entre febrero y septiembre de 2025. La paciente ingresó inicialmente por un cuadro médico complejo asociado a obesidad mórbida e insuficiencia respiratoria, desarrollando durante el ingreso lesiones cutáneas extensas y progresivas de difícil manejo. La evolución clínica, la elevada dependencia funcional, la prolongada hospitalización y su situación de vulnerabilidad social y emocional convirtieron el caso en un importante reto asistencial.
La paciente presentaba además una situación familiar compleja. Sus padres eran dependientes y contaba con cuatro hermanos, uno de los cuales falleció durante el periodo de hospitalización. La red de apoyo familiar era limitada: un hermano acudía de forma puntual al hospital y su hermana Pilar, cuidadora principal, realizaba visitas cuando le era posible debido al cuidado de sus padres. Esta situación incrementaba la vulnerabilidad emocional de la paciente y reforzaba la necesidad de un acompañamiento profesional cercano.
A partir del desarrollo de las heridas, el caso exigió curas complejas, terapias avanzadas, procedimientos quirúrgicos, coordinación entre múltiples servicios y una elevada implicación del equipo de enfermería y TMSCAE. En una primera fase se empleó terapia de presión negativa iniciada en abril de 2025, pero el verdadero punto de inflexión terapéutico se produjo tras la decisión multidisciplinar de valorar a la paciente para oxigenoterapia hiperbárica en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, tratamiento iniciado el 30 de junio de 2025 y que finalmente alcanzó 44 sesiones.
Este proyecto no pretende únicamente describir la evolución clínica de un caso complejo, sino mostrar cómo la humanización puede construirse en cascada: desde una organización que respalda a sus profesionales, pasando por un equipo cohesionado, hasta llegar a una paciente que recibe cuidados más humanos e individualizados. La Dirección de Enfermería facilitó refuerzos de personal y condiciones organizativas que permitieron asumir curas prolongadas y altamente demandantes, haciendo posible que el equipo pudiera dedicar tiempo y acompañamiento real a la paciente.
La pertinencia de este proyecto radica en que ejemplifica cómo el cuidado técnico excelente y la humanización no son dimensiones separadas, sino complementarias. La adaptación de circuitos, el acompañamiento emocional, la reorganización de los cuidados, el trabajo interdisciplinar y el respaldo institucional permitieron sostener durante meses un proceso clínico complejo, mejorar de forma notable la evolución de las heridas y favorecer una recuperación funcional progresiva.
Por todo ello, esta experiencia constituye un ejemplo real de humanización aplicada a la práctica clínica hospitalaria, alineada con la estrategia institucional del SERMAS y con capacidad para inspirar a otros equipos en contextos de alta complejidad asistencial.
10/02/2025 – Ingreso hospitalario
La paciente, mujer de 46 años, ingresa en el hospital por neumonía izquierda grave con insuficiencia respiratoria, requiriendo soporte con ventilación mecánica no invasiva. Inicialmente queda ingresada en la unidad 6T2 (Neumología).
07/03/2025 – Traslado a Medicina Interna (5T1)
Tras la estabilización del cuadro respiratorio, la paciente es trasladada a la unidad de Medicina Interna 5T1 para continuar el manejo del resto de procesos clínicos asociados, entre ellos anemia, deterioro funcional y otras comorbilidades.
Durante esta fase comienza a observarse un deterioro cutáneo progresivo, con aparición de úlceras que evolucionan progresivamente hacia heridas complejas de difícil manejo.
04/2025 – Inicio de terapias avanzadas de heridas
Ante la progresión de las lesiones se inicia tratamiento con terapia de presión negativa (VAC) como estrategia avanzada de manejo de heridas, con el objetivo de mejorar el control del exudado y favorecer la formación de tejido de granulación.
06/2025 – Intervención quirúrgica
Durante el mes de junio se realiza una intervención quirúrgica con injertos cutáneos y cierre del faldón abdominal. Sin embargo, la evolución posterior de los injertos no fue favorable debido a colonización bacteriana del lecho de la herida, lo que obligó a replantear la estrategia terapéutica.
Ante la complejidad del caso y la evolución tórpida se realiza una reunión multidisciplinar en la que participan Dirección de Enfermería, Dirección Médica y los servicios implicados, donde se decide solicitar la valoración de la paciente para tratamiento mediante oxigenoterapia hiperbárica en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla.
Para esta primera consulta de valoración, la paciente es trasladada acompañada por una enfermera de la unidad 5T1, siendo finalmente aceptada para iniciar el tratamiento.
Finales de 06/2025 – Inicio del tratamiento con cámara hiperbárica
Tras la valoración favorable del equipo especializado se inicia un programa intensivo de tratamiento con cámara hiperbárica. En los dos primeros traslados para la aplicación del tratamiento, el supervisor de la unidad acompaña personalmente a la paciente en la ambulancia, con el objetivo de ofrecer apoyo emocional y garantizar la seguridad del proceso.
06/2025-09/2025 – Tratamiento intensivo y reorganización asistencial
Durante este periodo la paciente completa 44 sesiones de oxigenoterapia hiperbárica, combinadas con curas complejas diarias y cuidados avanzados de heridas, lo que requiere una reorganización significativa de la dinámica asistencial de la unidad.
09/2025 – Traslado a centro de media estancia
Tras la mejoría clínica y funcional y la evolución favorable de las heridas, se coordina el traslado de la paciente a un centro de media estancia, donde continúa su proceso de rehabilitación.
En el caso presentado, el proceso de humanización no surgió inicialmente como un proyecto formal, sino como una respuesta progresiva del equipo ante una situación clínica y humana compleja. La evolución del caso obligó a desplegar una forma de cuidado que integraba no solo la dimensión técnica del tratamiento, sino también el acompañamiento emocional, la adaptación organizativa y la implicación del equipo.
El enfoque adoptado puede entenderse como un modelo de humanización en cascada:
1. Humanización organizativa
La Dirección de Enfermería desempeñó un papel fundamental facilitando las condiciones organizativas necesarias para afrontar un caso de elevada complejidad. Se reforzaron los recursos humanos y se flexibilizó la dinámica habitual de la unidad para dedicar el tiempo necesario a curas complejas y cuidados altamente demandantes.
Este respaldo institucional permitió que el equipo asistencial trabajara con mayor seguridad, cohesión y capacidad de respuesta.
2. Humanización del equipo profesional
El equipo de enfermería y TMSCAE desarrolló una implicación progresiva con la paciente que fue más allá de los cuidados técnicos habituales. La situación clínica prolongada, la vulnerabilidad social y la intensidad de los cuidados generaron una dinámica de cuidado compartido donde la motivación, el apoyo mutuo y la implicación del equipo se convirtieron en elementos clave.
3. Humanización del cuidado al paciente
Desde esta base organizativa y profesional se desplegaron múltiples estrategias orientadas a ofrecer una atención centrada en la persona. Se adaptaron rutinas asistenciales, horarios y circuitos de la unidad para responder a las necesidades de la paciente durante un proceso de hospitalización prolongado.
Este enfoque permitió integrar el tratamiento clínico avanzado (incluyendo cirugía, terapia de presión negativa y oxigenoterapia hiperbárica) con intervenciones de acompañamiento emocional, motivación y recuperación funcional.
El proyecto pone de manifiesto que la humanización no es solo una actitud individual del profesional, sino el resultado de un ecosistema de cuidado en el que organización, equipo y paciente interactúan de forma coordinada.
En este sentido, la experiencia demuestra que cuando las estructuras organizativas apoyan a los profesionales y estos se implican activamente en el cuidado, es posible transformar un proceso clínico complejo en una experiencia asistencial profundamente humana.
1. Manejo avanzado de las heridas
Tras la aparición de lesiones cutáneas extensas y profundas durante el ingreso, la paciente requirió un abordaje complejo de heridas.
Las principales actuaciones fueron:
•Curas complejas diarias, inicialmente bajo analgesia de tercer escalón con morfina y sedación con midazolam para garantizar el confort de la paciente.
•Implementación de terapia de presión negativa (VAC) iniciada en abril de 2025 para mejorar el control del exudado y favorecer la formación de tejido de granulación.
•Intervención quirúrgica en junio de 2025 con injertos cutáneos y cierre del faldón abdominal.
•Evolución inicial desfavorable de los injertos por colonización bacteriana del lecho de la herida, lo que obligó a replantear la estrategia terapéutica.
2. Coordinación multidisciplinar del caso
La complejidad clínica del proceso hizo necesaria la coordinación entre diferentes servicios y niveles organizativos.
Se realizaron reuniones multidisciplinares con participación de Dirección Médica, Dirección de Enfermería, Medicina Interna, Cirugía y Endocrinología. En estas reuniones se decidió solicitar la valoración de la paciente para tratamiento mediante oxigenoterapia hiperbárica en el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla.
Para la primera consulta de valoración, la paciente fue trasladada acompañada por una enfermera de la unidad 5T1, siendo finalmente aceptada para iniciar el tratamiento.
3. Implementación del tratamiento con cámara hiperbárica
Tras la valoración favorable se inició un programa intensivo de oxigenoterapia hiperbárica, alcanzando finalmente 44 sesiones.
En los dos primeros traslados, el supervisor de la unidad acompañó personalmente a la paciente en la ambulancia para ofrecer apoyo emocional y garantizar la coordinación del proceso.
4. Adaptación organizativa de los cuidados
La complejidad de las curas y del tratamiento hiperbárico obligó a reorganizar la dinámica asistencial de la unidad.
Dirección de Enfermería facilitó el refuerzo de un profesional adicional en turno diurno de lunes a viernes. Además, el Supervisor en conjunto con el equipo planificó una rueda diaria de curas en la que participaban tres enfermeras y una TMSCAE, mientras el resto del equipo permanecía a cargo de la unidad. Estas intervenciones podían prolongarse hasta dos horas.
También se adaptó el circuito asistencial diario de la paciente, incluyendo preparación anticipada antes del traslado, ajuste del horario de desayuno, coordinación con cocina y un aporte alimentario adicional durante la jornada para evitar largos periodos de ayuno.
5. Intensificación de los cuidados de enfermería
Durante el tratamiento hiperbárico se estableció un régimen de dos curas diarias:
•Una cura previa al traslado por la mañana.
•Una cura más exhaustiva a media tarde tras el regreso del tratamiento, incluyendo limpieza profunda, desbridamiento y preparación del lecho de la herida.
La terapia VAC se mantuvo únicamente en determinadas localizaciones durante los fines de semana.
6. Promoción de la recuperación funcional
Paralelamente al tratamiento de las úlceras, el equipo promovió la recuperación funcional y la progresiva autonomía de la paciente.
Se alcanzaron distintos hitos:
•Sedestación en cama durante las comidas.
•Sedestación en sillón.
•Deambulación dentro de la habitación.
•Paseos por el hospital acompañada por profesionales.
Asimismo, se promovió la retirada de la sonda vesical y la recuperación de funciones básicas, favoreciendo que la paciente comenzara a realizar deposiciones utilizando la cuña. Estos avances supusieron un importante impulso emocional en el proceso de recuperación.
7. Intervenciones de motivación y apoyo emocional
Durante todo el proceso se desarrollaron intervenciones orientadas a reforzar la motivación de la paciente y generar un entorno emocional positivo. Durante el ingreso, además, se produjo el fallecimiento de uno de sus hermanos, lo que motivó un refuerzo del acompañamiento emocional y del apoyo durante las visitas familiares.
Dado que la paciente era seguidora del grupo musical “Camela”, el equipo incorporó su música durante las curas para reducir la ansiedad asociada a los procedimientos. Además, se contactó con el grupo, que envió un vídeo de apoyo dirigido a la paciente. El vídeo se proyectó en la habitación en presencia del equipo, generando un momento especialmente emotivo que reforzó su motivación.
8. Cierre del proceso asistencial
Tras meses de tratamiento intensivo y evolución favorable de las heridas, se coordinó el traslado de la paciente a un centro de media estancia para continuar su rehabilitación.
El día del traslado se produjo un momento especialmente significativo: una enfermera leyó en voz alta una carta dirigida a la paciente, mientras que el supervisor envió una carta de agradecimiento al equipo profesional.
Este momento simbolizó el cierre de un proceso de cuidado compartido en el que la implicación del equipo, el apoyo organizativo y la participación de la paciente transformaron una situación clínica compleja en una experiencia profundamente humana.
La planificación de una rueda diaria de curas permitió estructurar la participación coordinada de los profesionales, concentrando recursos para realizar intervenciones complejas sin comprometer la atención al resto de pacientes de la unidad.
El respaldo organizativo de Dirección de Enfermería, mediante el refuerzo de personal en turno diurno, facilitó la sostenibilidad del modelo de cuidados durante la hospitalización prolongada.
El proyecto implicó la coordinación con distintos servicios hospitalarios y con el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla para la realización del tratamiento con oxigenoterapia hiperbárica.
Resultados clínicos
La combinación de cuidados avanzados de enfermería, tratamiento quirúrgico, terapia de presión negativa y oxigenoterapia hiperbárica (44 sesiones) permitió una evolución progresivamente favorable de las úlceras.
Durante el proceso se observó una mejoría significativa de las heridas, con reducción progresiva de su extensión y profundidad, aparición de tejido de granulación y avance del proceso de cicatrización. Esta evolución permitió controlar las complicaciones infecciosas y mejorar las condiciones del lecho de las heridas.
La coordinación entre los distintos servicios implicados y la continuidad de los cuidados de enfermería resultaron determinantes para sostener el proceso terapéutico durante una hospitalización prolongada.
Resultados funcionales
Desde el punto de vista funcional, la paciente experimentó una recuperación progresiva de su autonomía.
Al ingreso en la unidad de Medicina Interna presentaba dependencia severa para las actividades básicas de la vida diaria, con un Índice de Barthel de 20.
A lo largo del proceso se alcanzaron distintos hitos de recuperación:
•Sedestación en cama durante las comidas.
•Sedestación en sillón.
•Inicio de deambulación dentro de la habitación.
•Paseos terapéuticos por la unidad acompañada por profesionales.
Con la mejoría funcional, la paciente comenzó también a acudir a la ducha, donde el equipo realizaba la higiene de pie y el lavado de las heridas, lo que supuso un avance relevante tanto desde el punto de vista físico como emocional.
Se favoreció la retirada de la sonda vesical y la recuperación de funciones básicas de eliminación. No obstante, la retirada del pañal resultó especialmente difícil. A pesar del acompañamiento y apoyo del equipo, la paciente no quiso progresar completamente en este aspecto, por lo que las deposiciones se realizaban habitualmente en el empapador y, en ocasiones, utilizando la cuña.
En el momento del traslado a centro de media estancia, la paciente presentaba un Índice de Barthel de 70, reflejando una mejoría funcional muy significativa respecto a la situación inicial.
Resultados emocionales y experiencia del paciente
El acompañamiento continuado del equipo y las diferentes intervenciones de motivación desarrolladas durante el ingreso tuvieron un impacto positivo en el estado emocional de la paciente.
Elementos como la música durante las curas o el vídeo de apoyo recibido por parte del grupo musical “Camela” representaron momentos especialmente significativos que reforzaron la motivación de la paciente durante el proceso de recuperación.
Este acompañamiento resultó especialmente relevante en un contexto de red familiar limitada, ya que los padres de la paciente eran dependientes y sus hermanos solo podían acudir de manera puntual al hospital. La paciente vivía con su pareja que, durante el ingreso, le impidió volver a la casa de este. Durante el ingreso, además, se produjo el fallecimiento de uno de sus hermanos, lo que supuso un momento emocionalmente complejo para la paciente.
Resultados en el equipo profesional
El proceso también tuvo un impacto positivo en la dinámica del equipo asistencial.
La implicación colectiva en el cuidado de la paciente favoreció la cohesión del equipo de enfermería y TMSCAE, generando una experiencia compartida que reforzó valores como la colaboración, la empatía y el compromiso profesional.
Además, el apoyo organizativo recibido permitió que el equipo pudiera desarrollar cuidados complejos en condiciones adecuadas, fortaleciendo la percepción de reconocimiento profesional y el sentido de propósito del trabajo asistencial.
Esta experiencia puso de manifiesto que la humanización del cuidado no solo mejora la experiencia del paciente, sino que también contribuye a fortalecer a los equipos profesionales y a generar entornos asistenciales más saludables.
Entre los elementos clave destacó la capacidad de adaptación organizativa de la unidad, que permitió reorganizar recursos y circuitos asistenciales para atender un caso de elevada complejidad. El refuerzo de personal, la planificación de ruedas específicas de curas y la coordinación del equipo facilitaron la realización de cuidados prolongados sin comprometer la atención al resto de pacientes.
También resultó determinante la coordinación multidisciplinar, que permitió integrar diferentes estrategias terapéuticas y tomar decisiones compartidas, como la indicación del tratamiento con oxigenoterapia hiperbárica.
Desde el punto de vista de la humanización, el equipo identificó como aspectos fundamentales la presencia, el acompañamiento emocional y la adaptación individualizada de los cuidados, especialmente en un contexto de vulnerabilidad social y hospitalización prolongada.
Esta experiencia ha reforzado en la unidad la importancia del liderazgo cercano, la coordinación del equipo y la flexibilidad organizativa para desarrollar cuidados centrados en la persona.
El proyecto demuestra cómo la humanización puede aplicarse de forma transversal en la práctica clínica diaria mediante liderazgo enfermero, coordinación multidisciplinar y adaptación organizativa de los cuidados.
La experiencia pone de manifiesto que la innovación en humanización no depende únicamente de intervenciones aisladas, sino de la capacidad de los equipos para generar entornos de atención más cercanos, coordinados y centrados en la persona.
Asimismo, el proyecto se presenta a este certamen con el objetivo de difundir la experiencia y promover la implementación de prácticas de humanización en otros equipos y contextos asistenciales.
La difusión de este tipo de iniciativas contribuye a visibilizar el valor del liderazgo enfermero, la coordinación de los equipos y la adaptación organizativa como elementos clave para desarrollar cuidados centrados en la persona.
Las estrategias implementadas (adaptación organizativa de los cuidados, coordinación multidisciplinar, liderazgo enfermero y acompañamiento emocional del paciente) pueden aplicarse en otros servicios sin necesidad de grandes cambios estructurales.
El proyecto demuestra que la humanización del cuidado puede integrarse en la práctica clínica habitual mediante pequeñas adaptaciones organizativas, implicación del equipo y atención centrada en las necesidades individuales del paciente, lo que facilita su replicabilidad en distintos entornos sanitarios.
