El PMP se fundamenta en la Valoración Geriátrica Integral, realizada por enfermería especializada, que permite identificar precozmente a los pacientes con fragilidad o riesgo funcional. A partir de esta valoración, se planifican intervenciones individualizadas que integran movilización segura, ejercicio terapéutico, educación a cuidadores y apoyo en actividades básicas de la vida diaria. El programa incluye a pacientes de 74 años o más, con estabilidad clínica e Índice de Barthel igual o superior a 50.
Un elemento diferenciador del proyecto es la creación de la figura del Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería de Movilización Precoz (TCAE-PMP). Su participación activa garantiza acompañamiento continuo, supervisión de la movilidad, apoyo en la higiene, fomento de la autonomía y formación al cuidador principal. Este perfil profesional se convierte en el motor del programa, generando un contacto cercano, estable y humanizador con el paciente.
Durante su periodo de funcionamiento, el programa ha incluido 254 pacientes, con una edad media de más de 90 años. Los datos reflejan una adherencia del 60% y una duración media de intervención de casi una semana. Los resultados funcionales muestran una pérdida media global de solo 4,08 puntos en el Índice de Barthel, cifra muy inferior a la pérdida habitualmente descrita en la literatura y a estudios previos realizados en el propio centro. En Geriatría, la pérdida fue de apenas 2,23 puntos, lo que demuestra la eficacia de la movilización estructurada en un grupo de edad muy avanzada.
Asimismo, el programa ha logrado preservar la continencia en el 93% de los pacientes, un logro especialmente relevante por su impacto directo en la dignidad y calidad de vida de la persona mayor. También se han observado mejoras respecto a periodos previos del hospital, donde el deterioro funcional era notablemente mayor.
El PMP consolida así un modelo de trabajo multidisciplinar que convierte la movilización en un estándar de calidad, no en una acción opcional. La intervención contribuye a prevenir complicaciones, reducir la dependencia y transformar la experiencia hospitalaria del paciente mayor, colocándolo en el centro del cuidado y respetando plenamente su autonomía, dignidad y bienestar.
Este programa demuestra que, cuando cada paso cuenta, la humanización se traduce en resultados clínicos reales, medibles y profundamente significativos.
La evidencia actual subraya que la pérdida funcional asociada al ingreso hospitalario no es un fenómeno aislado ni exclusivamente físico. Se sabe que la hospitalización puede generar desacondicionamiento muscular, disminución de fuerza de prensión, empeoramiento del equilibrio, y afectar a la función cognitiva y emocional, configurando un cuadro de “desacondicionamiento global” que afecta a múltiples sistemas del organismo. Estudios realizados en población hospitalizada muestran que más del 60% presenta variación funcional significativa, y que una proporción relevante no recupera el nivel previo tras el alta, especialmente en mayores de 80 años o en aquellos con fragilidad o comorbilidades asociadas. Asimismo, otras investigaciones señalan que hasta un 64% de los pacientes mayores es dado de alta con peor funcionalidad que la basal, lo que incrementa el riesgo de institucionalización, reingresos y mortalidad a medio plazo.
En este escenario, la movilización precoz se plantea como una intervención esencial, segura y costo-efectiva. Distintos trabajos demuestran que los protocolos estructurados de movilización temprana incrementan los episodios de actividad fuera de la cama, mejoran la movilidad y reducen la estancia hospitalaria sin aumentar el riesgo de caídas.
El Programa de Movilización Precoz desarrollado en nuestro hospital responde directamente a esta necesidad mediante un modelo humanizado, integral y multidisciplinar que incorpora la valoración geriátrica integral, el acompañamiento activo al paciente y una innovadora figura profesional: el TMCAE de Movilización Precoz, centrada en promover la autonomía, educar a cuidadores y garantizar la continuidad funcional desde el ingreso. Este enfoque se alinea plenamente con las recomendaciones nacionales para la prevención de la fragilidad y la pérdida de funcionalidad durante la hospitalización en personas mayores.
En conjunto, este proyecto constituye una estrategia transformadora que no solo mejora resultados clínicos, sino que coloca la humanización de la asistencia y la preservación de la dignidad y autonomía en el centro del cuidado.
1.Objetivos
Objetivo general: Minimizar el impacto funcional que la hospitalización pueda causar en los pacientes mayores de 74 años con Índice de Barthel basal ≥ 50 puntos durante los ingresos.
Objetivos específicos: Iniciar la movilización en las primeras horas del ingreso, reducir la incidencia de deterioro funcional intrahospitalario, implementar un abordaje multidisciplinar coordinado, estandarizar procedimientos de valoración geriátrica integral, empoderar al cuidador principal y al propio paciente, favorecer un entorno hospitalario humanizado, garantizar la continuidad tras el alta, evaluar la eficacia del programa mediante indicadores específicos, promover el mantenimiento de la continencia
2Alcance y criterios
Población diana: pacientes de 74 años o más, ingresados en Geriatría, Ortogeriatría y Nefrología, con Índice de Barthel ≥50 y estabilidad clínica.
Exclusiones: inestabilidad clínica, indicación de reposo, deterioro cognitivo severo que impida la participación o negativa a colaborar.
3Equipo involucrado
Servicio de Geriatría: valoración de clínica/estabilidad del paciente y seguimiento de intervenciones e interconsultas al Servicio de Medicina Física y Rehabilitación.
Servicio de Rehabilitación y Fisioterapia: diseñar programa de ejercicios, realizar terapia de ejercicios y programar sesiones para pacientes y familiares.
Enfermera de geriatría: realizar la valoración geriátrica integral, seguimiento durante el proceso de hospitalización y registro en formulario tanto la inclusión del paciente en el programa como la situación funcional al alta tras la intervención.
Técnico medio de cuidados auxiliares de enfermería de movilización precoz (turno de mañana): asistencia en higiene durante el tiempo de inclusión del paciente en el programa e iniciar movilización precoz desde el primer momento del ingreso del paciente.
Técnico medio de cuidados auxiliares de enfermería de movilización precoz (turno de tarde): realizar las intervenciones que favorezcan y motiven la movilización segura de pacientes y apoyo a las actividades básicas de la vida diaria, haciendo especial hincapié en la deambulación.
4Recursos y materiales
Formularios de inclusión y seguimiento en historia clínica, tanto de enfermería como de TMCAE.
Hoja informativa al ingreso y tríptico de recomendaciones al alta.
Guías de ejercicios recomendadas por el servicio de Rehabilitación y fisioterapia.
Diseñada encuesta de satisfacción del paciente incluido en el programa de movilización precoz.
5Indicadores planificados
Indicadores de proceso: tasa de captación, tiempo hasta inclusión, duración media de intervención, adherencia y cobertura por servicios.
Indicadores de resultado: variación del Índice de Barthel ingreso/alta, preservación de continencia, incidencia de caídas, reingresos a 30 días (si disponible) y satisfacción percibida.
El Técnico Medio en Cuidados Auxiliares (TMCAE) de Enfermería de Movilización Precoz desempeña un rol esencial en la implementación del programa, actuando como facilitador de la movilización, acompañante del paciente y puente entre la familia y el equipo sanitario. Existe una diferenciación en cuanto a la dinámica de trabajo entre ambos turnos. Mientas el TMCAE del turno de la mañana se centra en la asistencia en la higiene, durante la tarde, se fomenta mayormente la deambulación, sin olvidar que ambos participan activamente en las actividades básicas de la vida diaria, favorecen la continencia, motivan al paciente, fomentan la movilización segura y orienta a los cuidadores en técnicas adecuadas y realizan educación para la salud, contribuyendo así tanto a la humanización como a la continuidad de cuidados.
El proyecto incorpora además una estrecha colaboración con el Servicio de Medicina Física y Rehabilitación. El Sº MFR ha desarrollado recomendaciones específicas de cuidados y ejercicios para pacientes con deterioro de la movilidad física, que se comunican al paciente y su familia para facilitar su implicación activa. Esta colaboración garantiza que aquellos pacientes con limitaciones más severas o que presentan dificultades en la comprensión o realización de los ejercicios reciban una intervención especializada adaptada a su capacidad.
Además, se han realizado reuniones multidisciplinares recurrentes para proponer sugerencias de mejora desde la puesta en marcha del programa de movilización precoz para asegurar intervenciones de calidad y realizar un registro óptimo.
• Fase 1 (diseño y consensos): elaboración de procedimiento, materiales, cronogramas y formación interna.
• Fase 2 (piloto controlado): arranque en Geriatría y Ortogeriatría, ajuste de flujos y tiempos de captación.
• Fase 3 (expansión): incorporación estable de Nefrología y apertura de interconsultas desde otros servicios a través de MFR.
• Fase 4 (consolidación y mejora continua): unificación de criterios, estandarización de registros, reuniones mensuales de resultados.
Intervenciones:
• Formaciones prácticas en movilización segura para TMCAE y enfermería.
• Comunicación visual y señalética en habitaciones.
• Facilitadores de cambio (enfermera referente de Geriatría y TMCAE-PMP por turno).
• Soporte de Dirección de Enfermería y Jefaturas de Servicio para evitar variabilidad interturnos.
El perfil funcional basal de los pacientes incluidos en el PMP fue de IB medio de 72,6 puntos en Geriatría y 79 puntos en Ortogeriatría, con un 75,78% con independencia parcial; este patrón indica una población con potencial de recuperación y susceptible de beneficiarse de la movilización estructurada. En relación con la continencia al inicio, el 32,92% era continente, el 44,10% presentaba incontinencia urinaria parcial, el 27,39% incontinencia urinaria total y el 7,45% incontinencia fecal total, evidenciando una alta prevalencia de alteraciones de continencia asociadas a fragilidad y hospitalización.
Al comparar ingreso vs. alta, la pérdida funcional media global fue de 4,08 puntos en el IB, siendo inferior en pacientes ingresados en Geriatría (2,23 puntos) y mayor en Ortogeriatría (10,6 puntos). El 93,17% mantuvo la continencia previa al ingreso. Preservaron su continencia basal el 94,29% de los pacientes independientes o con dependencia escasa (IB > 90) y el 73,29% del resto de los pacientes (IB ≤ 90).
La comparación histórica interna refuerza el impacto del PMP: frente a un deterioro funcional previo en el hospital (mayo de 2023) de ~10 puntos de IB en Geriatría y ~20 puntos en Ortogeriatría, en el periodo actual las pérdidas se redujeron a 2,2 y 10,7 puntos, respectivamente. Este descenso sugiere que la implementación sistemática de la movilización precoz mitiga de forma significativa el deterioro funcional intrahospitalario. Además, el mantenimiento de la continencia apunta a un beneficio clínico y humanizador del programa en dimensiones relevantes para la calidad de vida.
• Auditorías trimestrales de registros y coherencia de intervenciones frente a la VGI.
• Revisión de eventos adversos relacionados con movilización y análisis causa-raíz cuando procede.
• Diseño de encuestas breves de experiencia a cuidadores y pacientes (formato cualitativo).
• Feedback en sesiones de servicio y microformaciones para reforzar prácticas seguras, especialmente en turnos con menor exposición al programa.
Las revisiones han derivado en mejoras, tales como, refuerzo de captación en las primeras 24–48 h, formación específica en micción programada, ajustes en logística de material de ayudas técnicas por turno y modificaciones en los registros de los indicadores.
Integra la VGI en la prescripción funcional, alineando metas clínicas y metas de movilidad.
Sitúa la higiene como espacio terapéutico, concibiendo dicha intervención como estímulo de las ABVD, refuerzo de la autoeficacia y apoyo al cuidador.
Por último, establece un marco ambiental humanizado para prevenir delirium y proteger el sueño, conectado con el plan funcional y ofrece continuidad tras el alta con prescripción de ejercicios, promoviendo el puente hospital–domicilio.
-Presentación interna de resultados en comités de calidad y seguridad.
-Comunicación a equipos clínicos mediante sesiones de servicio y boletines breves con indicadores trimestrales.
-Material divulgativo en habitaciones y guías de ejercicios adaptadas.
-Participación en jornadas y foros de humanización y envejecimiento saludable para compartir metodología y resultados.
-Elaboración de resúmenes científicos a partir de los datos observacionales para su envío a congresos y publicaciones.
La implantación puede modularse por fases, comenzando por servicios con mayor carga de pacientes mayores y extendiéndose progresivamente a otras unidades. La clave es mantener la gobernanza clínica, la formación práctica y la evaluación continua.
