Este proyecto surge con el objetivo de humanizar las transiciones en salud mental mediante la evaluación estructurada de la experiencia emocional y la co-creación de decisiones con las personas atendidas. Para ello, se adaptó el indicador Net Emotional Value (NEV) al contexto sanitario, utilizándolo no como una métrica de satisfacción, sino como una herramienta de escucha, diálogo y aprendizaje compartido entre personas y profesionales.
La experiencia se desarrolló como un ciclo de mejora asistencial en una unidad de hospitalización prolongada y un recurso comunitario de transición (vivienda prealta). Se incluyeron siete personas en proceso de traslado, a quienes se realizó una entrevista emocional estructurada antes del traslado y a los tres meses de estancia en el recurso comunitario. El NEV se combinó con preguntas abiertas orientadas a identificar qué ayudó, qué generó dificultad y qué cambios podían mejorar la experiencia.
Los resultados mostraron un aumento del balance emocional positivo tras la transición, seenos acompañados de emociones de seguridad, confianza y esperanza. Más allá de la cifra, el principal impacto fue cualitativo: las personas se sintieron escuchadas, reconocidas y corresponsables del proceso, y los equipos incorporaron la emoción como una variable clínica y organizativa relevante.
El proyecto demuestra que evaluar la emoción humaniza, porque convierte la vivencia subjetiva en información útil para cuidar mejor, anticipar riesgos y co-crear mejoras. Se trata de una intervención de bajo coste, fácilmente transferible y alineada con los valores de dignidad, participación y atención centrada en la persona que promueve la humanización de la asistencia sanitaria.
Las transiciones desde unidades de larga estancia a recursos comunitarios no son únicamente un cambio de dispositivo, sino un evento vital que puede vivirse como oportunidad o como amenaza. Cuando la emoción no se explora ni se gestiona de forma explícita, aumentan los riesgos de rechazo del recurso, conflictos, uso intensivo de urgencias o reingresos.
A pesar de ello, los procesos de planificación del alta y de transición continúan centrados principalmente en variables clínicas y funcionales. Este proyecto parte de una premisa sencilla pero transformadora: la emoción es un componente de la seguridad, la calidad y la humanización de la atención, y debe ser escuchada, medida y utilizada para mejorar los procesos.
Cronograma orientativo:
Fase 1. Diseño y alineación (Mes 0): definición del itinerario de transición humanizada, adaptación del NEV al contexto de salud mental y alineación entre equipos de origen y destino.
Fase 2. Preparación de las personas (Meses 1–2): identificación de personas candidatas, entrevistas emocionales pretraslado (NEV T0), visitas progresivas al recurso comunitario y planificación compartida del traslado.
Fase 3. Traslado y acompañamiento inicial (Meses 2–3): ejecución del traslado, acompañamiento intensivo en la primera semana y seguimiento emocional estructurado.
Fase 4. Seguimiento y revisión (Mes 3–4): evaluación emocional a los tres meses (NEV T1), análisis conjunto de resultados y definición de mejoras.
Se adopta un enfoque de atención centrada en la persona, donde la experiencia emocional se reconoce como fuente legítima de conocimiento. La evaluación emocional se concibe como un espacio de diálogo y co-creación, no como un mecanismo de control ni de satisfacción.
– entrevistas emocionales estructuradas en momentos clave;
– registro explícito de expectativas, temores y deseos;
– coordinación interprofesional centrada en la historia y preferencias de la persona;
– acompañamiento cercano en los primeros días tras el traslado.
La ejecución fue flexible y adaptada al ritmo de cada persona, priorizando la vivencia subjetiva sobre la rigidez del cronograma.
Se definieron referentes claros en cada dispositivo y se establecieron espacios breves de coordinación. El modelo se comunicó al resto del equipo como una iniciativa de mejora y humanización, favoreciendo su aceptación y apropiación.
Resultados en la experiencia de las personas: Las personas participantes destacaron como elementos clave de humanización:
– sentirse escuchadas y tenidas en cuenta;
– poder expresar miedos sin que ello frenara el proceso;
– conocer previamente el entorno y a las personas del equipo;
– contar con un referente estable durante la transición.
Resultados organizativos. A nivel organizativo, el proyecto permitió:
– anticipar necesidades emocionales antes del traslado;
– ajustar el ritmo y las condiciones de la transición;
– generar un lenguaje común sobre experiencia y emoción.
Tras cada entrevista emocional, el equipo revisaba junto con la persona:
qué emociones estaban predominando,
qué situaciones concretas las favorecían o intensificaban,
qué cambios eran posibles y deseables para mejorar la vivencia.
Este ejercicio permitió introducir ajustes personalizados antes y después del traslado, tales como modificar el ritmo de la transición, aumentar las visitas previas, reforzar la presencia del referente o redefinir expectativas poco realistas. A nivel organizativo, los resultados agregados se revisaron en sesiones conjuntas entre equipos, generando acuerdos sobre prácticas a mantener y aspectos a reforzar en futuros traslados.
La evaluación emocional se convirtió así en un mecanismo de gobernanza de la experiencia, alineando decisiones clínicas, organizativas y humanas.
Habitualmente, las transiciones asistenciales se evalúan desde Iindicadores clínico-asistenciales, funcionales o administrativos. Este proyecto introduce de manera explícita la emoción como variable de calidad, seguridad y humanización, dotándola de un espacio estructurado y legitimado dentro del proceso asistencial.
La adaptación del NEV permite sintetizar la experiencia emocional sin perder su complejidad, favoreciendo conversaciones clínicas significativas y decisiones compartidas. La innovación consiste, por tanto, en convertir la vivencia subjetiva en información útil para cuidar mejor, anticipar riesgos y diseñar mejoras.
Este enfoque rompe con la dicotomía entre evaluación y humanización, demostrando que medir puede ser un acto profundamente humano cuando se hace con sentido ético y relacional.
La simplicidad del modelo facilita su incorporación progresiva a la cultura organizativa, evitando que dependa de personas concretas. El uso del NEV como herramienta de conversación y aprendizaje contribuye a mantener vivo el enfoque humanizador y a reforzar la mejora continua.
Su aplicabilidad se basa en varios factores clave:
– requiere un tiempo limitado de entrevista y coordinación;
– no precisa herramientas tecnológicas específicas;
– se integra fácilmente en rutinas existentes;
– es adaptable a distintos perfiles de personas y organizaciones.
Para su replicación, las organizaciones necesitan principalmente un compromiso explícito con la atención centrada en la persona, espacios mínimos de coordinación interprofesional y una cultura que reconozca la experiencia emocional como parte de la calidad asistencial.
