Durante ocho meses (febrero–septiembre 2025), el proyecto se implementó en dos municipios de la provincia de Valladolid (Zaratán y Santiago del Arroyo), alcanzando la participación de 70 personas, quienes completaron un protocolo estructurado de cuatro visitas presenciales y llamadas telefónicas quincenales. Las primeras tres visitas se realizaron mensualmente, seguidas de un periodo de tres meses sin contacto presencial, tras el cual se efectuó una cuarta evaluación final. Esta secuencia permitió obtener información longitudinal detallada sobre la evolución funcional, cardiovascular, respiratoria, nutricional y emocional de los participantes.
El sistema de monitorización, basado en un kit de bajo coste que incluye mediciones de fuerza, equilibrio, función cardiorrespiratoria, composición corporal, estado nutricional y estado de ánimo, demostró ser fiable, operativo y bien aceptado por la población mayor, alcanzando una adherencia del 90,7%. Estas características confirman que, en entornos rurales donde la brecha digital dificulta el uso de la teleasistencia, la presencialidad es clave para garantizar la participación y la calidad de los datos obtenidos.
Los análisis preliminares muestran que el modelo VIVIR tiene capacidad para identificar tempranamente cambios relevantes en la función física y otros determinantes de salud, así como para detectar situaciones potencialmente asociadas a eventos adversos, como caídas o deterioro funcional incipiente. La recogida de datos bajo un diseño longitudinal aporta una base sólida para avanzar hacia modelos predictivos que permitan anticipar riesgos y orientar intervenciones individualizadas.
Además de su contribución sanitaria, VIVIR presenta un elevado potencial de replicabilidad y escalabilidad. Su metodología estandarizada, sus requerimientos mínimos de infraestructura (espacios municipales y equipamiento portátil) y su armonía con políticas de envejecimiento saludable lo convierten en un modelo fácilmente transferible a otros municipios. De hecho, el proyecto está iniciando su despliegue en un tercer ayuntamiento, lo que permitirá reforzar la consistencia de los resultados y ampliar su alcance territorial.
El proyecto también ha generado un modelo de negocio basado en la metodología Business Model Canvas, que define los segmentos de clientes, la propuesta de valor, la estructura de costes, los recursos clave y las vías de sostenibilidad económica. Este documento constituye la base para la futura profesionalización del servicio y su posible integración en estrategias provinciales de salud comunitaria.
En conjunto, VIVIR ha demostrado ser un modelo viable, coste-efectivo y socialmente relevante para mejorar la calidad de vida de las personas mayores en zonas rurales.
Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística, en Castilla y León la población total en municipios de menos de 20.000 habitantes es de 1.133.565 habitantes, lo que supone un 47,57% del total de la comunidad autónoma. Este dato representa un descenso en la población de estos municipios con respecto a los últimos 5 (1.196.099 habitantes; 48,87% de la población total) y 10 años (1.262.097 habitantes; 49,33% de la población total). En concreto, en los últimos 10 años se ha producido un descenso en la población censada en todos los municipios de menos de 20.000 habitantes, con la excepción de los municipios de menos de 100 habitantes y de 5.001 a 10.000 habitantes, que muestran una tendencia creciente.3
Este descenso en la población del medio rural implica el desarrollo de políticas específicas de desarrollo rural. En concreto, en el año 2007 entró en vigor la Ley 45/2007 que establece diferentes objetivos, dentro de los que se incluyen: i) potenciar la prestación de unos servicios sociales básicos de calidad y ii) garantizar el derecho a que los servicios públicos sean accesibles para personas con discapacidad y personas mayores. Sin embargo, la dispersión de la población en pequeños municipios de la comunidad limita la expansión de servicios sociales, como la sanidad, en comparación con las áreas urbanas.
La mejora de la Atención Primaria en zonas rurales implica asegurar unos servicios sanitarios básicos de proximidad en cada zona rural. Sin embargo, a pesar de que Castilla y León es la comunidad autónoma con mejor tasa de centros de salud y consultorios locales por cada 100.000 habitantes,la periodicidad de las consultas médicas varía en función del número de habitantes (Ley 8/2024). En municipios con una población entre 51 y 100 habitantes, la atención sanitaria presencial se ofrece una vez por semana, mientras que, en aquellos con más de 500 habitantes, la consulta está disponible todos los días laborables. Esta limitada asistencia sanitaria en los pequeños municipios rurales dificulta la detección temprana del deterioro físico y nutricional en las personas mayores. Una evaluación preventiva junto con la implementación de un plan de atención y seguimiento puede tener beneficios para el bienestar y la independencia de las personas mayores, incluyendo la reducción de ingresos hospitalarios, caídas y mortalidad a largo plazo.
El protocolo incluyó tres visitas presenciales mensuales durante los tres primeros meses, complementadas con llamadas telefónicas quincenales para monitorizar incidencias y mantener la adherencia. Tras un periodo de tres meses sin visitas presenciales, se realizó una cuarta evaluación final, lo que permitió obtener información longitudinal y valorar la evolución del estado de salud de cada participante.
Además, dado que este es un proyecto que aún no ha terminado, actualmente hay reclutadas 30 personas más que comenzaremos a evaluar el 18 de marzo en otro pueblo de la Provincia de Valladolid (Fuensaldaña). De esta forma, se llegará a evaluar a 100 personas.
Para poder ser evaluadas las personas debían tener una edad igual o superior a 60 años de edad y debían habitar en un municipio rural perteneciente a la Diputación de Valladolid. Además, todas las personas participantes firmaron el consentimiento informado en el que se desarrollaba la metodología a seguir durante las evaluaciones.
Se contactó con varios ayuntamientos pertenecientes a la Diputación de Valladolid (Santiago del Arroyo, Zaratán y Fuensaldaña) que difundieron entre los vecinos el proyecto de valoración. Una vez que las personas interesadas mostraron su disposición a participar se comenzó con la citación de las mismas para comenzar las evaluaciones.
Cada persona participó en tres evaluaciones mensuales consecutivas y en una última valoración tras 3 meses (i.e.: abril, mayo, junio, octubre). Además, todas las personas fueron contactadas 15 días después de cada evaluación para controlar así el número de caídas, hospitalizaciones y eventos cardiovasculares entre otros.
En cada una de esas citas se incluyeron las siguientes valoraciones:
-Electrocardiograma (ECG): utilizando un dispositivo portátil Kardia Mobile 6L (AliveCor Inc., California, EEUU).
-Tensión arterial.
-Espirometría.
-Saturación de oxígeno periférica.
-Bioimpedancia.
-Valoración nutrición mediante los cuestionarios Mini-Nutritional Assessment (MNA) y Malnutrition Universal Screening Tool (MUST).
-Fuerza de prensión manual mediante dinamometría.
-Batería corta de rendimiento físico (SPPB, por sus siglas en inglés).
-Cuestionario Internacional de Actividad Física (IPAQ).
-Baja energía y resistencia (con las preguntas validadas del fenotipo de fragilidad): utilizando las dos preguntas que aparecen en el fenotipo de fragilidad i) ¿Sentía que todo lo que hacía suponía un esfuerzo la última semana?; ii) ¿Sentía que no podía ponerse en marcha la última semana?
-Cuestionario SARC-F para la detección de sarcopenia.
-Seguimiento telefónico.
Todas las mediciones se realizaron en la evaluación inicial, así como en el seguimiento de los tres meses posteriores. Todas las evaluaciones fueron realizadas por, al menos, dos profesionales de la salud adscritos o colaboradores con el grupo de investigación estratégico i+HeALTH de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (fisioterapeutas colegiados, graduados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte colegiados y/o dietistas-nutricionistas).
En cuanto al material utilizado para las evaluaciones, cabe destacar que este proyecto fue financiado por la Diputación de Valladolid y la Universidad Europea Miguel de Cervantes en la «VI Convocatoria de Proyectos de Investigación y Retención del Talento», donde se recibieron 4.000 euros para la adquisición de material fungible y no fungible, y 18.000 euros para la contratación de personal técnico que pudiese realizar las evaluaciones.
Sin embargo, los primeros análisis realizados con los datos de las evaluaciones de los primeros 70 participantes ha permitido validar de manera preliminar un modelo de monitorización de la salud dirigido a personas mayores residentes en entornos rurales. La experiencia desarrollada en los municipios de Zaratán y Santiago del Arroyo confirma que este tipo de intervención es viable técnica y organizativamente, en municipios de diferente densidad demográfica y diferente acceso a atención sanitaria.
En concreto, uno de los principales logros del proyecto ha sido demostrar que un sistema de seguimiento periódico, basado en mediciones funcionales, cardiovasculares, respiratorias y nutricionales de bajo coste, puede implementarse con alta aceptación por parte de la población diana. La intervención alcanzó un 90,7 % de cumplimiento de visitas, lo que refleja una elevada aceptación del servicio y un fuerte compromiso por parte de los participantes, motivado en gran medida por la presencialidad, la cercanía del equipo investigador y la ausencia de barreras tecnológicas.
Entre los resultados más relevantes obtenidos en este proyecto destaca la capacidad del modelo para anticipar riesgo de caídas, uno de los eventos adversos más frecuentes y costosos en la población mayor. La combinación de funcionales y nutricionales, sugiere que el sistema VIVIR podría convertirse en una herramienta eficaz para la prevención precoz de eventos adversos y la optimización del uso de recursos sanitarios y sociales.
En términos de impacto social, VIVIR ha contribuido a mejorar la percepción de acompañamiento, seguridad y autonomía en las personas participantes. El contacto directo con profesionales formados y la entrega de informes individualizados han favorecido la participación de los usuarios en el conocimiento de su estado de salud, reforzando las bases de un envejecimiento más saludable.
En conjunto, VIVIR ofrece una vía eficaz para mejorar la atención sanitaria preventiva en el entorno rural y sienta las bases para futuras líneas de trabajo en monitorización comunitaria y epidemiología aplicada.
La evaluación en los dos primeros municipios ha permitido comprobar que el sistema de monitorización periódica es viable y que este es capaz de detectar de manera temprana déficits funcionales relacionados con el riesgo de caídas. Además, la adherencia mostrada por los participantes fue elevada (90,7%), especialmente en el municipio donde la edad media era más alta y existía un menor acceso a la asistencia sanitaria presencial.
El proceso de revisión del proyecto incluye el análisis longitudinal de la salud física, cardiorrespiratoria y nutricional de los participantes en cuatro visitas presenciales.
El proceso de revisión incluye el análisis longitudinal de la evolución física, cardiovascular, respiratoria y nutricional de los participantes en cuatro visitas presenciales. Al disponer de mediciones repetidas, se ha podido valorar la estabilidad de estos parámetros de salud y detectar cambios relevantes, lo que constituye una base para desarrollar futuras herramientas predictivas.
En el marco de la ampliación del proyecto al tercer municipio, se continuará profundizando en la revisión de la fiabilidad del modelo mediante la comparación entre diferentes contextos rurales, lo que permitirá evaluar si las variaciones en la densidad poblacional, la distancia a recursos sanitarios o la disponibilidad de espacios comunitarios influyen en la eficacia del sistema VIVIR y en la adherencia de los usuarios.
Un aspecto especialmente relevante en el proceso ha sido la incorporación de un informe individualizado de salud para cada participante, que recoge la evolución de los parámetros monitorizados. Este instrumento no solo facilita la participación activa de las personas mayores en la comprensión de su propio estado de salud, sino que también permite identificar tempranamente necesidades no cubiertas (por ejemplo, riesgo de malnutrición o disminución de la movilidad), lo que contribuye a la formulación de recomendaciones individualizadas.
El modelo VIVIR también está sometido a un proceso continuo de revisión metodológica. En la primera evaluación piloto que se realizó (la cual no está incluida en el análisis) llevó a la sustitución de instrumentos complejos como el espirómetro por alternativas más accesibles y sencillas como el Peak Flow, así como se detectó la necesidad de incluir valoraciones sobre el riesgo de sarcopenia.
Finalmente, a medida que se incorporen nuevos municipios, la evaluación permitirá examinar si la implementación del modelo VIVIR contribuye, de manera consistente, a reducir la incidencia de situaciones de riesgo como las caídas leves y los episodios de deterioro funcional incipiente. La integración de estos resultados facilitará avanzar hacia un sistema predictivo basado en datos reales obtenidos en contextos rurales, reforzando el potencial del proyecto como herramienta de prevención y apoyo a las políticas de envejecimiento saludable.
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Además, se prevé que cuando se complete el proyecto y los análisis pertinentes se publique una noticia en los medios de la Universidad y se ofrecerá a los ayuntamientos participantes la divulgación de resultados.
Gracias a los protocolos estandarizados, el equipamiento de bajo coste y la necesidad mínima de infraestructura, el modelo puede transferirse rápidamente a otros ayuntamientos que cuenten con espacios comunitarios básicos. Su acogida institucional y la alta adherencia de los usuarios apuntan a una elevada escalabilidad a nivel provincial y a su potencial incorporación en programas de envejecimiento saludable financiados por los Ayuntamientos.
