El enfoque de CARE es anticiparse, actuar antes: comunicar mejor, identificar riesgos y necesidades de adecuación, y construir un plan de adecuación que acompañe al paciente a lo largo de su proceso asistencial. Para ello, CARE integra en la herramienta de gestión hospitalaria e historia clínica (Casiopea) tres herramientas sencillas y transversales (aplicables en consultas, urgencias y hospitalización) que recogen información clave sin salir del flujo habitual del profesional:
1.Formulario de Comunicación Equipo Asistencial–Paciente, para indagar expectativas, preocupaciones y necesidades del paciente, evitando presuponer y dejando trazabilidad compartida para todo el equipo.
2.Formulario de Identificación de la Necesidad de Adecuación, con apoyo de escalas clínicas (p. ej., PROFUND, Barthel, Pfeiffer) y 4 escenarios de riesgo de obstinación terapéutica: bajo, intermedio, alto y muy alto.
3.Formulario de Adecuación de Esfuerzo Terapéutico, que concreta y registra decisiones clínicas sensibles (por ejemplo, limitaciones de soporte avanzado) y el grado de acuerdo alcanzado.
CARE se enmarca en seguridad del paciente y responde a un objetivo esencial: “hacer lo que hay que hacer y no hacer lo que no hay que hacer”, aumentando el valor de las medidas indicadas, minimizando agresividad terapéutica innecesaria y cuidando más y mejor.
El proyecto plantea un marco de indicadores para medir adopción, calidad de uso, resultados clínicos, eficiencia y experiencia (paciente y profesional), con la expectativa de mejorar la satisfacción, reducir reclamaciones y optimizar recursos.
Sin embargo, el proceso tradicional presenta ciertas barreras y limitaciones, como son la falta de comunicación entre el equipo asistencial, el paciente y sus familias, la ausencia de adaptación a las necesidades y expectativas de estos y la carencia de un plan de adecuación, lo que puede traducirse en inseguridad del profesional, menor satisfacción y uso subóptimo de recursos.
CARE nace para cubrir este vacío con un modelo sistemático y transversal: comunicar, identificar riesgo y adecuar, dejando información accesible para todo el equipo en cualquier ámbito asistencial (consultas, urgencias, hospitalización, UCI), siempre centrado en el paciente.
•Analizar hasta dónde se tenía que haber llegado.
•Analizar qué cosas no deben hacerse.
•Analizar qué cosas no se han hecho y sí deberían de haberse hecho.
Estos tres principios se articulan en un método práctico: escuchar antes de decidir (explorando expectativas, preocupaciones y necesidades del paciente y su familia o cuidador), adecuar la intervención al riesgo real (identificando de forma estructurada la fragilidad y el riesgo de no adecuación para evitar medidas desproporcionadas) y, finalmente, dejarlo registrado (construyendo un plan explícito de adecuación que garantice continuidad y coherencia asistencial en cualquier punto del sistema).
El objetivo principal es aumentar el valor de lo que indicamos, minimizando agresividad innecesaria y mejorando la experiencia de paciente y profesionales (“cuidar más y mejor”).
(1)Comunicación Equipo Asistencial–Paciente
Herramienta transversal para registrar comunicación relevante y compartirla con el equipo. Incluye preguntas guía orientadas a explorar expectativas y preocupaciones (“¿Hay algo especialmente importante…?”, “¿Hay algo más en que te pueda ayudar…?”), favoreciendo una comunicación respetuosa y ajustada al momento clínico.
(2)Identificación de la Necesidad de Adecuación
Formularios específicos por especialidad, diseñados para puntos de inflexión y toma de decisiones. Integran escalas (p. ej., PROFUND, Barthel, Pfeiffer) y clasifican escenarios de riesgo ligados a adecuación de prescripción (desde bajo riesgo hasta riesgo alto/muy alto de obstinación), facilitando decisiones proporcionadas y coherentes con las preferencias del paciente.
(3)Adecuación de Esfuerzo Terapéutico
Permite registrar decisiones clínicas sensibles y su grado de acuerdo (p. ej., RCP, ingreso en UCI, cirugía urgente, soporte nutricional o vías centrales), asegurando que el plan sea accesible y coherente en futuras atenciones.
Estos formularios son información interna para el equipo y no se publican en el portal del paciente, lo que protege la confidencialidad clínica del proceso de decisión.
•Una mejora en la experiencia del paciente y su familia: mayor sensación de haber sido escuchados y acompañados en decisiones complejas, más claridad sobre los objetivos del tratamiento y mayor alineamiento entre lo que el paciente valora y lo que finalmente se hace.
•Menos situaciones de no adecuación u obstinación terapéutica, favoreciendo intervenciones más proporcionadas y coherentes entre profesionales y ámbitos asistenciales gracias a la identificación estructurada del riesgo y al registro explícito del plan.
•Mejora de la experiencia del profesional (más seguridad y menos carga moral en decisiones difíciles)
Indicadores:
•Proceso/adopción: % inicios de protocolos y formularios, indicadores críticos completados, calidad de uso de formulario de comunicación y de adecuación.
•Resultados:
oDe efectividad clínica: indicadores de agresividad/no adecuación, eventos adversos relacionados notificados (resultados reportados por el paciente, PROMs).
oDe eficiencia: estancia media, coste GRDs relacionados.
oDe satisfacción de los profesionales. Encuestas a profesionales.
oDe satisfacción de los pacientes: tasa de reclamaciones/agradecimientos, NPS, experiencia reportada por el paciente (PREMs).
•Trazabilidad clínica centrada en el paciente accesible en todo el hospital.
•Estructuración de la comunicación con preguntas guía y registro compartido.
•Ayuda a la decisión con escalas integradas y escenarios de riesgo que orientan la adecuación.
Su despliegue es adaptable a la realidad de cada centro, ajustando los formularios y circuitos locales (consultas, urgencias, hospitalización) y manteniendo un marco común que favorezca la continuidad asistencial, la seguridad del paciente y la toma de decisiones alineada con valores y preferencias.
